Una tarde tan normal volvía a recordar nuestro escondite, ese lugar al que íbamos cuando queríamos olvidarnos de todo lo demás, exámenes, la profesora Mc Clain, etc.
No podía olvidar todo lo vivido allí, en ese bosque, ese banco, en cómo nos revolvíamos entre las miles hojas que caían del viejo roble y en cómo me dijiste una y mil veces que me querías. De mil maneras, en verso y prosa, cantando, delirando.... hasta que yo respondí sin dudar ni un instante en que mi respuesta tenía que ser un harmonioso sí quiero el día de la pedida en ese mismo lugar.
-Y abuela, entonces, ¿fue así como el abuelo Thomas te pidió que fueras su novia?-preguntó Marlene.
-No, so boba, ¿no ves que así fue como le pidió matrimonio el abuelo?-respondió Philip, su hermano.
-Philip si le dijo te quiero es porque le quería pedir que fuera su novia, ¿verdad abuela?-volvió a reclamar mi atención.
-Chicos, chicos, dejad a la abuela y a mi bella esposa que siga contando.
-¡Pero abuelo!
-Está bien, está bien. Veréis chicos, vuestro abuelo me pidió matrimonio después de quince años de novios, pero por aquel tiempo los chicos no tenían la tradición de pedir a la chica si querían ser su novia.
-¡Pues que tiempos tan raros!-exclamaron los dos hermanos con tanto ímpetu que nos echamos a reír.
-¿Puedo continuar?-proseguí yo.
Con un leve gesto con la cabeza, todos incluido Thomas, asintieron.
Cada miércoles nos reuníamos en ese sitio y aun hoy nos sirve para meditar. Porque lo que verdaderamente importaba era que nos teníamos el uno al otro, ya que el lugar sólo era lo que nos unió el primer día que nos conocimos en ese hermoso bosque.
El lugar no es meramente importante, sino con quien quieras estar.
M. Si es bueno vivir, todavía es mejor soñar, y lo mejor de todo, despertar - A. Machado.

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