lunes, 26 de septiembre de 2011

Escapar.

No era yo, veía los caminos pero no la salida, no sabía que iba por mal camino. Los demás sí, pero yo seguía sumida en esa pesadilla que para mí era el sueño más bello que jamás había tenido.

Oía unas voces que decían huye, escapa, corre, no te quedes parada... Mi mente quería obedecerlas, pero mi corazón sufría si le hacía caso, entonces, me paré y continué por el camino equivocado. Vi la luz tarde, pero la vi y me sentí aliviada al verla de nuevo, parecía una sensación nueva y a la vez vivida, era esa sensación de libertad, poder correr por los prados florecidos sin temer a nada, sin temerle al día después, a la verdad, a la reluciente y verdadera verdad.
Mi corazón seguía triste, pero se sentía libre de culpa, ya nunca más volvería a dudar en él mismo, ahora sabía que los sentimientos que pudiera albergar dentro siempre serían sinceros y dulces, cariñosos, tiernos, infinitos.

Ahora no lloro ni me culpo, tan sólo vivo por mi y por toda esa gente que me apoyó tomara la decisión que tomara, y a la que no, también les guardo un rincón de mi corazón y saben que estaré esperándoles con los brazos bien abiertos. Cuando necesites escapar de algo, no pienses, no dudes, hazlo. Mejor pronto, que demasiado tarde y te veas en circumstancias de no poder escapar...
No somos perfectos, cometimos errores, lo seguimos haciendo y lo seguiremos haciendo, porque la experiencia y aprender de ella es a base de errores que causan caídas, de las que podemos y deberíamos levantarnos siempre.

Ya puedo ver con más claridad, y siento que vuelvo a ser libre, vuelvo a ser yo, porque no hace falta cambiar para ser feliz.

M. 


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