Sentí que volaba, que podía controlar el mundo, batir las alas tan rápido que en segundos había llegado al otro punto del mundo...
-Señorita Reyes, siga con el ejercicio de su compañero.
-Mar, Mar, Mar despierta...
-¡Señorita Reyes! ¡Esto es un colegio no un hotel! ¡Despierte ya y resuelva el ejercicio!
-Estaba volando, pero...-dije casi para mi.
Entonces, toda la clase se puso a reír.
-¿Volando eh?-dijo Sophie (mi mejor amiga).
-Tia te sonará estrambótico, pero no fue un sueño fantástico, era como si lo hubiera vivido, como un, mmm, ¿cómo era eso?
-¿Te refieres a un deja bu?
-¡Sí, sí, eso es!
-Tía estás como una cabra.
-Deja que lo sueñes tú también y verás.
Y es que Mar no mentía, pero lo que ella no sabía es que no iba a soñar su mismo sueño, porque ese estaba predestinado para Mar desde que nació. Y es así como soñamos y vemos que no puede ser un sueño, ya que parece tan real. Y lo más fantástico es que podemos hacerlo realidad, algunos en el mundo real y sin embargo, otros, se quedan en nuestra mente.
Pero Mar ya vivió ese sueño, ese recuerdo que vive en ella, del que sueña que vuela a toda velocidad, pero no recuerda que ella no era la que volaba, ella era el espectador... Fue su hermano quien cayó del precipicio, y ella era tan pequeña que lo recuerda como que volaba, ese trauma la persigue durante años y la seguirá persiguiendo hasta que no supere la muerte de Paul, su hermano mayor y el único.
Gracias por estar en mis sueños una noche más, Paul.-pronunció Mar a la salida del colegio.
Eres mi fuerza, la que me levanta cada día.
Mar.
(Esta historia es fruto de mi imaginación, cualquier parecido con la realidad será pura casualidad)
M.


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